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Josiah K’Okal: El sacerdote que evangelizó y defendió al pueblo Warao

A Josiah K’Okal le conocían como “Baré mekoro”. Aquellas dos palabras significan “Padre negro” en warao, la lengua de la comunidad indígena del mismo nombre que habita al nororiente de Venezuela, específicamente entre el sur de Monagas y la región Guayana. Se trata de la etnia que este sacerdote, de origen keniano, defendió y protegió desde 2006 cuando comenzó a trabajar en la Pastoral Indígena en Nabasanuka y Tucupita, en el estado Delta Amacuro, donde justamente aprendió de aquella lengua para evangelizar a los indígenas.

“Siempre como misionero caminó junto a su grupo de trabajo, y sus conocimientos de inglés hizo que ayudara al liceo de Nabasanuka en la primera promoción egresada, lo hizo en el área de inglés y lo hizo de forma desinteresada y de manera voluntaria. Fue como una mata de plátano: él sembró y alrededor de él crecieron otros cogollitos, y hoy por hoy, el liceo de Nabasanuka cuenta con profesores de inglés, que son discípulos de nuestro querido padre K’Okal”. Así lo describe Eira Torres, de la comunidad Nabasanuka, en los caños de la selva deltana, según reseña Fe y Alegría.

“Se ganó la confianza del pueblo y dejó un legado que sembró desde el cariño, el amor, el compartir y la solidaridad que debemos tener todos los pueblos indígenas”, señaló Mónico Campero de la comunidad Araguaimujo.

K’Okal nació en Siaya, Nyanza, Kenia, el 7 de septiembre de 1969. Antes de tener una vida religiosa fue maratonista. De acuerdo con una publicación de la Organización Consolata América, K’Okal ingresó a esta congregación en 1993. Estudió teología en Londres y cuatro años más tarde se ordenó sacerdote. En 1997 llegó a Venezuela.

Desde entonces, sirvió en la Animación Misionera y Vocacional, la pastoral Afrodescendiente y parroquial de Barlovento, estado Miranda. De igual forma, en la Pastoral de Animación Misionera en Barquisimeto y la Pastoral Indígena en Nabasanuka y Tucupita. También sirvió en la congregación como administrador, consejero, vice-superior y superior de la Delegación de los Misioneros de la Consolata en Venezuela.

Según el FIDES, desde 2006, se dedicó a estudiar la cultura y la lengua de los warao. Su labor con las etnias venezolanas le valió la nacionalidad. Al mismo tiempo, el Ministerio de Educación lo certificó como maestro. Realizó cursos sobre derechos humanos y fue así como inició su trabajo en la defensa de los derechos de los indígenas. 

Terminó en 2022 una maestría en Antropología en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales de Ecuador y trabajó en su tesis el caso de waraos desplazados a Brasil y hacinados en centros de refugiados. Denunció tráfico de indígenas en Delta Amacuro, en medio de una masiva migración por la crisis económica venezolana.

«Su desaparición y repentina muerte al inicio de este nuevo año nos asusta y entristece, porque hemos perdido a un dedicado cuidador y defensor de nuestros pueblos y realidades amazónicas», expresó en una nota de duelo la Red Eclesial Panamazónica.

En un mensaje publicado en las redes sociales, los Misioneros de la Consolata de Venezuela expresaron su duelo y esperanza en la vida eterna: “querido hermano, que tu alma descanse en paz. Gracias por tanto amor por esta tierra venezolana, gracias por ser un gran misionero. Que María Consolata te tenga entre tus elegidos”.

Las Obras Misionales Pontificias de Venezuela han recordado que el padre K’Okal “se hizo apóstol y hermano del pueblo Warao, con quienes vivió la mayor parte de su vida sacerdotal. Siempre atento a sus necesidades y compañero de sus luchas. Nos quedamos con el mejor recuerdo de un misionero alegre que supo acoger a todos para ofrecer consuelo y cercanía”. 

Del Consejo Indigenista de Brasil (CIMI) llegó un mensaje de reconocimiento al padre Josiah, como “una de las personas con mayor trayectoria en el trabajo con el pueblo Warao, contribuyendo mucho en Brasil con grupos pastorales y agentes, también del CIMI, a conocer la realidad del pueblo Warao, el contexto de su movilidad a Brasil y ayudó con propuestas de trabajo con el pueblo Warao en Brasil”.

Nuestro Arzobispo de la Arquidiócesis de Caracas, Cardenal Baltazar Porras, lo recuerda como “un buen sacerdote y un generoso misionero”.

Josiah K’Okal, de 54 años de edad, fue reportado desaparecido el 1° de enero y su cuerpo sin vida fue hallado en la localidad de Boca de Guara, en el vecino estado Monagas, de acuerdo con una minuta de la militar Guardia Nacional.