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In memoriam: Mons. Roberto Lückert León

Por: Cardenal Baltazar Porras Cardozo

En el día del padre, como gran padre de muchos que fue, falleció en Maracaibo Mons. Roberto Lückert, arzobispo emérito de Coro. El deterioro de su salud fue notorio en los últimos meses, privándonos de la fortaleza y reciedumbre de un cristiano a carta cabal por los cuatro costados. Escribo con lágrimas en los ojos, con el dolor propio de la separación física de un hermano del alma pero con la convicción de que goza de la presencia definitiva de la gloria que está reservada a los hombres buenos y fieles al mensaje de Jesús.

Fuimos inseparables hermanos de camino desde que coincidimos en el Seminario Interdiocesano de Caracas en septiembre de 1959 para iniciar los estudios de filosofía en el viejo caserón de Sabana del Blanco. Desde entonces se fue formando una amistad amasada en el trabajo rutinario, coloreado con las horas en las que planificábamos la revista Vínculo, órgano de nuestro Seminario con el que aprendíamos el arte de escribir y diagramar, bajo la linterna inquisidora de los superiores y de los españoles republicanos de la imprenta Cromotip en Quinta Crespo, que se dieron a la tarea de enseñarnos artes gráficas, lo que hacían con verdadero cariño porque nuestra revistica era la cenicienta de las muchas revistas de prestigio que se editaban allí.

Marabino de pura cepa, hijo de prusiano luterano y madre trujillana católica, nació y creció en el centro del viejo Maracaibo donde unió esos tres genes que le dieron una personalidad singular que lo acompañó a lo largo de toda su vida. En el Colegio Gonzaga de la Compañía de Jesús sacó el bachillerato y fue enviado a Caracas para su formación sacerdotal bajo la égida de los padres eudistas de los que aprendió las mejores virtudes de aquellos adustos, exigentes pero muy humanos y de testimonio sacerdotal impecable. Siguió las huellas de los viejos robles maracuchos Mons. Olegario Villalobos y Mons. Mariano Parra León para nombrar solo estos dos, símbolos de la zulianidad y de la entrega sacerdotal al servicio de la Iglesia y de su pueblo y fiel devoto y promotor del culto a la Virgen de Chiquinquirá de cuyo santuario fue rector.

Entre sus virtudes cabe destacar la rectitud y la defensa de la verdad y del pobre. Siempre me llamó la atención su enorme capacidad para entablar excelentes relaciones con gente sencilla y encopetada. Compartir con todos, en las parroquias como en la vicaría general, las visitas pastorales a los sitios más apartados de la costa oriental y del sur del Lago de Maracaibo y más tarde en todo el estado Falcón, en la sierra y en la costa, en Coro y Paraguaná, lo reconocían como el pastor cercano, preocupado por el bien material y espiritual de todos sin distinción.

Rasgo resaltante del grupo que estudiamos juntos en el Seminario fue el mantener en la distancia un interés por el quehacer de unos y otros. Por carta en los primeros años, por teléfono cuando apareció el discado directo, el estar pendiente de las fechas de cada uno o en las celebraciones religiosas en las que alternábamos, o cuando defendía alguna postura de uno de nosotros con valentía y acierto. Con mi familia tuvo siempre contacto para saber del estado de salud o simplemente para saludar y recordar alguna anécdota simpática.

Mons. Lückert ha llenado una página indeleble en la historia del episcopado venezolano del último cuarto del siglo XX y las dos primeras décadas del actual. Siguió activo ayudando a su querido discípulo Mons. Mariano en diversas actividades en Coro, alternando con sus asiduas visitas a su tierra zuliana de la que es uno de los obispos nacidos en la tierra del sol amada que han dado lustre al episcopologio nacional.

Muchas veces manifestó su deseo de ser enterrado en la catedral de Coro de la que fue su primer arzobispo. Los clérigos, una vez que nos ordenamos, pertenecemos a la madre Iglesia y si bien no rompemos con la familia carnal, es a la Iglesia a la que hemos servido la que debe decidir sobre el lugar de los restos mortales, máxime si su voluntad lo expresó aunque sin dejar por escrito dicha voluntad. Reposará en Maracaibo en la parroquia de la Asunción. Lamento no acompañarlo a su última morada por tener que viajar a la ciudad eterna.

Roberto fue el mayor de ocho hermanos, nació el 9 de diciembre de 1939 y falleció el 16 de junio de 2024, a los 84 años y medio. Mons. Domingo Roa Pérez lo ordenó sacerdote el 14 de agosto de 1966. Al año siguiente me acompañó en mi ordenación presbiteral y me concedió el honor de ser uno de sus coconsagrantes principales en la ordenación episcopal que recibió en Maracaibo el 29 de junio de 1985 para comenzar a regir la diócesis de Cabimas; ocho años más tarde, en octubre de 1993 tomó posesión como obispo de Coro, y en noviembre de 1998 se convirtió en el primer arzobispo de la capital falconiana. Ocupó diversos cargos en la Conferencia Episcopal y en el CELAM. Al cumplir la edad reglamentaria cedió el cayado de Coro a otro zuliano Mons. Mariano Parra Sandoval.

Ofrecemos nuestras plegarias por su eterno descanso, para que su voz profética siga siendo una clarinada de atención para ir a lo esencial, el bien y la dignidad humana movido por el amor a Dios y a la Virgen María, Chinita de Maracaibo.